En las elecciones del domingo ganó la atomización: todas las fuerzas tuvieron un pedazo
del pastel, lo que obligará a establecer alianzas para conformar el nuevo gobierno
AGENCIAS
ESTOCOLMO.- Suecia se enfrenta a un prolongado período de incertidumbre política
después de unas elecciones, el domingo, que dejaron a los dos principales bloques
parlamentarios empatados pero lejos de la mayoría y, sobre todo, dejaron a los
“Demócratas de Suecia”, de extrema derecha, prometiendo ejercer una “influencia real” en
el parlamento.
El partido político anti-inmigrante, de Jimmie Åkesson, ganó el 17.6% de los votos, de
acuerdo con los resultados oficiales preliminares, muy por encima del 12.9% que obtuvo en
2014, aunque también por debajo del 25% que algunas encuestas habían pronosticado.
Los socialdemócratas, liderado por el primer ministro Stefan Löfven, mantuvieron su
récord (terminaron primeros en todas las elecciones desde 1917) pero vieron caer su
puntaje al 28.4%, el más bajo en un siglo. Mientras tanto, el principal partido moderado de
oposición de centro derecha se acercó al 19.8%.
En una noche donde ganó la atomización: la izquierda ex comunista y el partido Demócrata
Cristiano avanzaron respecto a elecciones anteriores, y el Partido Verde superó el umbral
para la representación parlamentaria con 4.4% y tendrá cierto peso a la hora de opinar en la
constitución del nuevo gobierno, que podría tomar semanas en formarse porque necesitará
alianzas de bloques cruzados entre partidos de centroderecha y partidos de centroizquierda.
Sumando votos, el bloque de centro izquierda alcanza un 40.6% de los votos y el de centroderecha
un 40.2%. Los analistas predicen que ahora se necesitarán largas y complicadas
negociaciones para construir una mayoría, o al menos, una minoría que no se hunda
fácilmente.
La elección fue la primera en Suecia desde que el gobierno permitió a 163 mil inmigrantes
instalarse en el país durante la crisis migratoria de Europa en 2015, lo que polarizó a los 7.3
millones de votantes y sobredimensionó la hipotética preocupación popular por la
continuidad de un sistema de bienestar que muchos sienten amenazado.
Los partidos de extrema derecha han logrado avances significativos a expensas de la
corriente política en toda Europa occidental en los últimos años tras la crisis financiera
global de 2008 y la crisis de refugiados de 2015. Ahora están en el gobierno de Italia,
Austria, Noruega y Finlandia. Además de haber recalado posiciones en países como
Francia, Alemania y ahora Suecia.